SUEÑOS
El escenario representa
un taller de zapatería. En el centro hay un camastro con una manta vieja de
colorines.
Zapatero.—Tranquilízate,
mujer. ¿Qué pasa que tanto te excita?
Mujer.—¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Mientras dormías
el primer sueño esta mañana, ha entrado una señorona de esas que marcan el paso
y que llevan el cuello más tieso que un palo. Venía a encargarte no sé qué
delicado trabajo y te ha querido despertar ella misma cuando estabas soñando
que eras carpintero, como siempre. Te imaginabas que estabas haciendo un
armario o una silla o yo qué sé y te has creído que la señorona era la madera.
[…] Y, para postre, al huir de tus garras, se ha equivocado de puerta, ha
salido por la del huerto y, ciega como iba, ha caído al estercolero. (El
Zapatero se retuerce de risa).
Zapatero.—¡Válgame
Dios, la señora! ¡De narices al estercolero! […] Se le habrá reblandecido el
almidón que llevaba, ¿no?
Mujer.—(Muy nerviosa).
¡Sí, sí, ríete! ¡Ha gritado que nos lo haría pagar caro! Ha prometido que nos
hundirá. Ha ido a quejarse al juez y el juez acaba de venir con una pila de
papeles así de grande: […] que si injurias, que si humillaciones indignas, que
si patatín, que si patatán…
Zapatero.—(Jaleando,
contento). Oh, sí […].
Mujer.—¡Ríete aun,
bobo! Cuando nos quiten el huerto, ya me contarás si todo te hace tanta gracia.
¡Es lo único que tenemos para no morirnos de hambre y encima te ríes, marmota!
Y con esa cara de pascuas. Con lo risueño y contento que despiertas, cualquiera
diría que te ha tocado el gordo.
Zapatero.—Pues mira,
casi. Pero ¿qué es eso de que nos van a quitar el huerto? Mujer.—¡La señorona!
Zapatero.—¿Por eso del
estercolero?
Mujer.—Y por los
garrotazos. El juez nos pone una multa de cien sueldos para pagarla en una
semana. Si no, se nos queda el huerto. O cien sueldos o el huerto. Y como no
tenemos los cien sueldos…
Zapatero.—(Sin perder
el buen humor). ¿Verdad que no? Ni cien, ni setenta y cinco, ni cincuenta, ni
treinta, ni veinticinco, ni veinte, ni diez — ¿quién da menos? — ni tres, ni
dos.
Mujer.—Dos, sí. Y tres.
Y cinco. Y diez. Y también quince. ¡Quince, sí! Zapatero.—¿Qué?
Mujer.—Quince sueldos
sí que los tengo. Mira (Se los enseña).
Zapatero.—(Los ve pero
no se lo cree) ¡Quince sueldos! Si en esta casa nunca ha habido más de media
docena. ¿De dónde los has sacado? (Le viene una idea súbitamente). Ya lo sé. No
me lo digas, que ya lo sé. ¡El puente! ¡El Puente de los Curas! Te los ha dado
el Puente de los Curas.
Mujer.—¿Con qué sale
este ahora? ¿Qué es eso del Puente de los Curas? […] Zapatero.—[…] Es un puente
de Amsterdam y dice que allí encontraré la felicidad… Mujer.—¡Qué sueños más
tontos! ¿Y quién te dice que la encontrarás, se puede saber?
Zapatero.—¡Oh! La central
de sueños. Se ve que estos saben mucho de estas cosas.
Mujer.—Ea, déjate de cuentos y tonterías y
sueña con ser carpintero, que no te hace ningún mal ni te sorbe el seso. ¡Si te
has despertado como si hubieras visto visiones! Estos quince sueldos, para que
lo sepas, no son nuestros. Me los han dejado. Todo el pueblo de Ostterlittens
se ha estremecido cuando ha sabido la desgracia que nos amenaza. Todos menos
tú, que te despiertas con la cabeza llena de grillos y más risueño que si te
hubieran estado haciendo cosquillas en los pies.
Zapatero.—Es que este
sueño me ha dado mucha moral.
Mujer.—Preocupación te tenía que haber dado.
Preocupación y más arrestos. ¿Qué comerán tus hijos, si no les puedo dar de vez
en cuando alguna sopa de col y cebolla? ¿Eh? ¿Qué?
Zapatero.—El Puente de
los Cu…
Mujer.—¡Basta ya de
puentes! ¡Se han acabado los puentes!
Joles Sennell, El
soñador. Ed Anaya. (Texto adaptado).
1 En el escenario
aparecen:
a) El zapatero, su
mujer, una clienta elegante y el juez.
b) El zapatero, su
mujer y una clienta.
c) El zapatero y su
mujer.
2 La mujer del zapatero
tiene miedo:
a) De que metan a su
marido en la cárcel.
b) De que les quiten la
zapatería.
c) De que les quiten el
huerto.
3 La mujer del zapatero
cree que cuando entró la clienta:
a) El zapatero soñaba
que era relojero.
b) El zapatero soñaba
que era carpintero.
c) El zapatero soñaba
con un tesoro.
4 La clienta denuncia
al zapatero:
a) Por injurias y
humillaciones indignas.
b) Por no pagar la
renta del huerto.
c) Por haberla empujado
al estercolero.
¿Con qué cree la mujer
del zapatero que soñaba este cuando entró la señora?
¿Con qué soñaba el
zapatero realmente?
¿Cómo reacciona su
mujer ante ese sueño?
Copia de qué manera se
dice en el texto que la clienta era muy orgullosa.
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